martes, 9 de marzo de 2010

Retrospectiva

Empezaré con uno de hace bastante tiempo, bueno, tampoco tanto, no hay que pasarse... pero es de los más "conocidos" que hay.

Bien, todo comenzó un buen día de primavera, yo me hallaba en mi casa, aburrida, y llame a algún que otro amigo a mi casa. La tarde transcurría tranquila y divertida, entre sandwiches de mortadela y juegos de mesa. Pero algo extraño sucedería pronto.
La Tierra comenzó a agitarse, muchos cayeron, veía cuerpos caer desde la ventana, pero anonadada me hallé cuando ví que del suelo de mi casa comenzó a salir un gigante volcán en erupción, ¿qué estaba pasando?
Algunos de los chicos y yo subimos al volcán, excepto las chicas, que se quedaron abajo viendo la tele, aun que aun hoy, sigo sin saber que era exactamente lo que veían si el volcán estaba por medio.
Era un camino peligroso, muy peligroso, el camino al sitio más inhospito de todos cuanto estuve... Uno de los míos, al no aguantar la presión, se arrojó desde uno de los acantilados del volcán, pero teníamos que seguir, ¡la Tierra dependía de nosotros! Y seguimos, claro que lo hicimos.
Tras mucho esfeurzo, alguna que otra esguince y un olor nauseabundo a azufre, llegamos a nuestro objetivo, estabamos en el cráter, ¡al fin!. Entonces, comenzamos nuesto baile, el baile que nos llevaría a la victoria sobre el enemigo, el baile que consiguió que mis amigas vieran la tele, el baile que venció al volcán. El volcán encogía, y encogía, mientras nosotros seguiamos bailando la Macarena, y poco a poco notaba que mi suelo, el suelo de mi casa estaba más cerca de mis pies. Al fin logramos alzarnos con la victoria, ¡NOSOTROS VENCIMOS AL MAL!
Celebrando la victoria estabamos cuando recibí un extraño sms, no sabía a ciencia cierta de quien era, en el sms ponía "Has salvad a la humanidad, ahora te salvaré advirtiendote que no salgas a la calle, una peligrosa lluvia cortante podría matarte".
Conforme leía eso, escuchaba gritos agonizantes desde la calle. Entonces lo supe, era mi aliado, aquel ser tan jodidamente metalero, aquel ser que tanto nos amaba, ese extraterrestre heavy tan majo. Era el Dios de mis sueños.

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